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El golpe de calor en los gatos

Como los humanos, los gatos sufren también en verano con las altas temperaturas. Normalmente siguiendo las mismas pautas que seguimos para nosotros, nuestros peques estarán bien ya que suelen beneficiarse de nuestros inventos humanos (persianas, aires acondicionados, fuentes de agua). Sin embargo, en ocasiones pueden sufrir una elevación súbita de la temperatura corporal, especialmente en días críticos. Este aumento patológico en su temperatura corporal lo que se denomina “golpe de calor” y si no se trata correctamente puede llevar a nuestro amigo a la muerte en minutos.

 

 

Los gatos no sudan como hacemos nosotros. Si bien es cierto que disponen de su saliva como elemento refrescante y son buenos buscadores de lugares frescos, a veces no es suficiente. Cuando la temperatura alta se une a una humedad relativa elevada el problema se puede hacer muy serio. Los gatos callejeros sufren también la exudación de calor concentrado del cemento. Sus reservas de agua, azúcares y minerales pueden llevarles a un colapso interno. Los gatos de “raza” tipo persas, con narices chatas, los mayores o jovencitos, los gatitos con sobrepeso, y los negros son los más proclives a sufrir de golpes de calor, aunque en mayor o menor medida, todos están expuestos.

Cuando hablamos de gatos caseros hay tres cosas fundamentales que debemos tener en cuenta en verano:

  • Jamás dejarles dentro de un coche. No vale eso de que son 5 minutos y ahora vuelvo. Un coche es un verdadero horno cuya temperatura aumenta en segundos y una trampa mortal para los peludos. Si son 5 minutos, puedes llevártelo contigo en un transportín o bien dejarlo en casa.  Procura que no se quede encerrado en habitaciones pequeñas y mal ventiladas.
  • Nunca exponerles al solSi tienes la suerte de disponer de jardín, haz que tu gato tenga la posibilidad de regresar al interior de la casa si lo desea, así como facilitar las corrientes de aire. No es fácil para nosotros aguantar la calima, ¡imaginad con un abrigo de pelo!
  • Siempre han de tener una fuente de agua fresca. Dicha fuente ha de ser con agua que se renueve al menos una vez al día. Si dispones de bebederos electrónicos o fuentes de agua no está de más que introduzcas un hielo en el depósito o enfríes previamente el agua un poco en la nevera.
  • Estate pendiente de tu gato. Parece obvio, pero a veces no lo es tanto. Vigila si ha perdido peso, si está apático, si respira normalmente, si ha cambiado de hábitos. Cuanto más sepas de dónde está y a qué se dedica, más información dispondrás en una eventual visita al veterinario.

Si a pesar de todo tu peque sufre de un golpe de calor, te será fácil detectarlo. Su respiración será jadeante, muy rápida, con la lengua fuera. Su pelo tendrá una temperatura elevada. Mira si ha estado expuesto a una fuente de calor o es un día de temperaturas altas. Nuestro pobre Oro sufrió un golpe de calor cuando aún era callejero. Tienes aquí el vídeo.

 

Lo primero que has de hacer es intentar bajar su temperatura corporal. Suminístrale agua fresca. No le obligues a beber si no quiere pero al menos humedécele la boca y llévatelo aun sitio resguardado. Ponle frío en las axilas, mójalo con una toalla húmeda y fresca sin envolverle. Si es necesario ponle bajo el grifo y mójale el cuerpo con cuidado de no asustarle. Ayúdate de los recursos que tengas, ventiladores, aires acondicionados. En cuanto veas que el gato se encuentra estabilizado acude a tu centro veterinario cuanto antes. La vida de tu gato depende de tu pericia y tu rapidez.

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