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Agüita

El 31 de agosto hacía mucho calor en el sur de Madrid. Como siempre seco, impertinente. Es complicado permanecer en la calle al mediodía sino es por extrema necesidad. Los gatos suelen ser muy sabios y saben donde esconderse para evitar las inclemencias o buscar fuentes de agua. Son vitales (literalmente) para su supervivencia.

El problema es si eres un bebé huérfano y no tienes una madre que te lleve a un lugar seguro. La historia de Agüita comenzó con un adiós, hacia ella, hacia ese cuerpo que agonizaba de sed con apenas un mes de vida. Habíamos llegado demasiado tarde. A pesar de nuestra tristeza la llevamos corriendo al veterinario.  Jamás hay que darse por vencidos. Aunque viva, su estado era crítico.

Pasó por recibir varias bolsas de suero, alimento, parecía por momentos que remontaba pero caía débil de nuevo. “Si mejora, podéis llevarla a casa”, nos dijo el veterinario. Al día siguiente preguntamos pero Agüita seguía recibiendo hidratación a borbotones.


Pasaron varios días y la respuesta siempre era. Está todavía mal, no os la podéis llevar.

Pero Agüita remontó, luchó, tenía ganas de vivir, de que la cuidaramos, de un hogar, de cariño. Ha sido un milagro lo de esta peque.  Ya ha encontrado un hogar pero tenemos muchos aún pedientes de una oportunidad.  Si deseas dársela, haz click en la sección de cómo adoptar

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