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Machín y Marley

Y de repente llegó el invierno de un solo golpe y llegó el caos. Las temperaturas suaves inesperadas de los días pasados confunden. Los árboles tardan en dejar caer sus hojas. En Diciembre todavía había alguno verde como la propia primavera. En el mundo de los gatos, tan ligado a reglas y costumbres tener de repente quince grados en lugar de heladas les revoluciona su reloj interior. Algunas gatas se ponen en celo sin esperarlo y cuando llega el duro frío empiezan a tener camadas. No es nuestra intención debatir sobre el cambio climático, sino contar qué ha pasado en la Colonia de Móstoles I.

Machín estaba inmóvil en la acera. Tenía sólo tres meses pero estaba demasiado débil y enfermo para mover un sólo músculo. Su hermano Marley intentaba tirar de él para que ningún humano lo encontrara. Él también se sentía enfermo pero aún le quedaban unas mínimas fuerzas para socorrerle. Era inútil. Era también un bebé. Su instinto le decía que ayudar a su hermano, ponerle a resguardo del viento helado era algo que tenía que hacer pero no sabía hacerlo.

Llegamos nosotros y nos encontramos frente a frente. Marley intentó defender a Machín pero el miedo se acabó apoderando de él y huyó despavorido ante la llegada de unos humanos. Recogimos a Machín con la mano. Tan falto de fuerzas estaba que no hizo ademán de huir. Estaba en los huesos, con los ojos afectados y un constipado de los que pueden llevarte a la muerte. Fue directo al hospital.

Un día después Marley fue atrapado. No estaba mejor que su hermanito. La cara llena de tierra, despavorido, hambriento y muy enfermo. ¿Qué pudo ser de su mamá? Tal vez habría muerto. Es una colonia tan desmesurada y amplia que a veces perdemos la pista de alguno de sus miembros. Marley fue ingresado de urgencia también. Cruzamos los dedos por la suerte de los pequeñines.

Pasaron algunos días. Machín fue llevado a una casa de acogida para terminar de recuperarse de esa terrible pulmonía y recibir amor. Marley fue algunos días después a la misma casa, ya que quisimos que los hermanitos permanecieran juntos.

Aún débiles estaban absolutamente felices de volver a verse. Empezaron a descubrir lo que era tener comida sin límite, lo calentito que se dormía bajo el edredón, al lado de la calefacción, lo divertido que es jugar en un entorno seguro recibiendo caricias de manos amables. Sin duda su historia ha de continuar con este rumbo. Han conocido la calidez humana y afortunadamente se incorporaron a una familia que les adora y les querrá para siempre. Si quieres conocer gatos en adopción que formen parte de tu familia, ve a la sección de cómo adoptar.

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