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Pipo

"4gatosmadrid.org Pipo no era ningún desconocido para 4 Gatos. Le llevábamos viendo bastante tiempo, desde que íbamos a esos jardines a castrar. No nos preocupaba. Alguien antes que nosotros había ido a esa colonia y había castrado a algunos miembros, Pipo entre ellos, y tenía su marca en la oreja. Cuando se hace el método CES en una colonia, se esterilizan a los gatos ferales o salvajillos y se les devuelve a su hábitat. Pensábamos pues que Pipo era callejero y no sociable.

Cuando nos veía, se quedaba tranquilo, observando desde la distancia, sin asustarse. Era normal, nos veía frecuentemente y sabía que no éramos una amenaza. Nosotros nos centrábamos en casos urgentes: recién abandonados, gatas que había que castrar antes de la época de celo, gatitos muy sociables y enfermos a los que podíamos darles una oportunidad.

Sin embargo su alimentadora notó cosas de Pipo que nos hizo ponerle bajo vigilancia. Cada día esperaba sólo en el jardín sin más compañía. No pertenecía a esa colonia, no se relacionaba con los otros gatos. Sólo se sentaba y esperaba a su alimentadora.  Al principio con un poco de miedo cuando venía, a los pocos días frotándose contra ella y ronroneando. Eso nos hizo disparar las alarmas, investigar su comportamiento y pensar que tal vez nos habíamos equivocado con Pipo. Alguien controlando colonias lo castró sin reparar que era un gato casero, manso y buenísimo. Tuvo la mala suerte de ser invisible, de que nadie se parase a observarle, a dar por hecho que pertenecía a la calle. Los otros gatos tampoco le rechazaban, le dejaban estar ahí, pero sabían que no era uno de los suyos y no le dejaban acercarse más de la cuenta.

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Un buen día su alimentadora no pudo más y lo cogió en brazos. Él se dejó llevar a casa agradecido. Por fin alguien  entendía sus silenciosos gritos de socorro y su tristeza. Por fin una casa de nuevo.

Sin embargo Pipo presentaba más problemas de los que creíamos. Debido a una caída desde algún lugar alto o algún otro tipo de golpe, su diafragma se había reventado y dejó salir todos sus intestinos que invadieron su delgado cuerpecito. Un golpe tan fuerte que a pesar de intentar operarle, no hubo nada que hacer. Pipo nos dejó una tarde. Ahora descansa en el cielo de los gatos donde nos vigila y sigue dando su cariño infinito. Descansa en paz Pipo.

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