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Socky

Dicen que son los gatos quienes eligen a las personas y no al contrario. Pues en el caso de Socky la historia no puede ser más real.

Los perros estaban contentos. Su dueña les iba a dar el último paseo del día y giraban como locos, saltando felices. Un último ajuste de correa y venga, a la calle. Esto hacía nuestra colaboradora todos los días, ya casi de forma automática como mandan las rutinas caninas. Mañana, tarde y noche. Caminamos un poquito y para casa a descansar de la dura jornada.

Salieron contentos a olfatear todo, como si fuera la primera vez que pisaran su barrio. Es la mayor de las diversiones para un perro. La humana iba tras ellos pensando en lo que habría que hacer mañana tal vez. El camino ya lo habían recorrido mil veces, no hacía falta ni pensar. Los pies iban solos. Hasta que estos se pararon en seco.

Los perros tiraban de las correas mirando con caras interrogativas a su dueña. ¿Tan pronto acabamos hoy? ¡Vamos a seguir caminando un poquito más! Lo que su dueña había escuchado había pasado desapercibido para ellos, más ocupados en olisquear que en el monótono ruido de la calle. Pero ahora también lo sentían. Era una llamada de socorro, un llanto. Se pusieron en alerta.

¿De dónde sale ese ruido? Pensó ella. ¡De ese coche! ¿Es un bebé abandonado? Ese ruido era Socky. Su llanto de recién nacida era muy parecido al del bebé humano. Estuvo un buen rato mirando la ubicación exacta de esa gatita que maullaba angustiosamente hasta que la vio encajonada en las tripas del coche.

Sus perros entendieron que el paseo sería corto hoy porque su dueña corría de vuelta a casa con ellos. Llamó a una compañera que vivía cerca y le explicó la situación. Ambas con una jaula aceleraron el paso hacia el coche. Socky, por puro instinto había se había descolgado hacia el suelo, pero seguía debajo del coche, trastablillando el paso. Era sólo un bebé.

Ya en casa, la pudieron examinar. Estaba despeluchada, tiznada de aceite de motor, famélica, muerta de sed. Pero ahora a salvo. El día siguiente su ángel salvador se puso en contacto con 4 Gatos para informarnos de la situación. Uno de los problemas mayores de la Asociación es la falta de casas de acogida que puedan mantener a salvo a los gatos hasta que encontramos un adoptante, pero la humana se ofreció a serlo, sin ningún tipo de duda. No podía dejar a Socky a su suerte. Imposible. La había elegido

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