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Stefan y Lukas

Aún estamos sorprendidos con Stefan y Lukas. Parece que han tenido una vida entre algodones viendo su carácter y su amor por los humanos. Pocos gatos tienen tanta curiosidad por todo lo que les rodea, tantas ganas de vivir.

Su historia comienza cuatro meses atrás cuando les dejaron en la puerta de una perrera. Hermanos gemelos recién nacidos de la misma camada. Ninguna información más. El centro de recogida de animales les puso en la misma jaula y comenzaron a tramitar su puesta en adopción.

Si alguna vez habéis ido a un centro municipal de animales,  tal vez sepáis de lo que estamos hablando. Viven en jaulas que, aunque cumplan las normas requeridas, son minúsculas. Un gato no puede ponerse de pie, algo que necesitan para estirarse. No pueden correr. Andan agachados, el techo es demasiado bajo.  El suelo es una chapa dura, muy fría por las noches. Pese a que se les alimenta y proporciona agua no hay comida específica para cachorros y comen pienso seco genérico. Conviven con ladridos continuos de perros y al estrés de su nueva ubicación se suma el nulo contacto con otros seres vivos. Una vida continua sin luz, en penumbra. Muchos fallecen, otros arrastran graves secuelas psicológicas de por vida, otros se autolesionan o dejan de comer para acabar con el sufrimiento. Algunas administraciones intentan mejorar la situación pero los animales nunca son una prioridad.

Así vivieron Lukas y Stefan hasta que los conocimos. Lo rescatamos junto a Rey, un pequeñuelo que nació allí mismo. Estos gemelos ya desde el principio se abalanzaron a la reja para saludarnos. No soportaban estar allí. Los gatos negros en las perreras tienen escasas posibilidades de adopción. Supersticiones ridículas que todavía sigue mucha gente.

Stefan y Lukas han tenido mucha suerte y han salido en adopción. Si te has enamorado de estos bebés, ve a la sección de cómo adoptar y conoce a todos los que necesitan todavía el calor de un hogar

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