Villarejo

Un hecho fortuito como fue el traslado laboral de una compañera a Villarejo de Salvanés hizo que repararamos en un grupo de gatos que se escondían entre los coches de un aparcamiento. Era diciembre del 2014. Un gatito que habíamos cogido, al que llamamos Raspa, nos introdujo en la vida de esta colonia tan especial. Ya en enero nos decidimos a intervenir. Lo que nos encontramos fueron tres camadas y mucho por hacer.

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