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Triana

¿Cuánto tiempo llevaría llorando la pobre? Eso se preguntó con preocupación mirando por la ventana de su oficina. Desde que empezó a trabajar en el Ayuntamiento todas las mañanas veía una preciosa gata callejera tomando el sol en el jardín. Algún gato más de la colonia instalada en el barrio pasaba de vez en cuando, pero la chica se fijaba siempre en ella, tan bonita, tan feliz, tan libre.

Una mañana escuchó unos ruidos extraños entre los arbustos. Sin duda eran ruidos felinos. Como le quedaban unos minutos para entrar al trabajo se acercó a investigar. ¡Menuda sorpresa! Resulta que la gata había tenido cachorrillos. Estaban bien escondidos en un seto para resguardarles del calor de agosto y de los posibles curiosos. Bien por mamá gata. Aunque ¿qué destino tendrán? La vida de los callejeros es muy dura, en ocasiones cruel. Se les ve tan pequeños y desvalidos. Se consoló pensando en que en ese jardín estarían bien y comenzó la jornada con una sonrisa.

Desde entonces cuando llegaba a la oficina echaba un vistazo a los nuevos inquilinos. Pero un día notó que algo no iba bien. Se podía escuchar un llanto desconsolado que no encajaba en el comportamiento discreto de los gatos. Cuando miró en el seto sólo vio un gatito, uno solo. Ni rastro de sus hermanos ni del resto. ¿Qué hago? Se dijo. ¿Lo cojo? ¿Lo dejo? ¿Dónde estaría su madre? ¿Pero a dónde se han ido todos? La chica ya conocía 4 Gatos Madrid por su trabajo y nos llamó.

Es perjudicial separar a un gatito de su madre, a no ser que su vida corra peligro. A esas alturas ya estaba segura de que su mamá desapareció y tenía a Triana en su regazo para que se calmara. Estaba deshidratada y rabiaba de hambre. Le aconsejamos que se mojara el dedo en agua y le diera alguna gotita, a falta de biberón. Y un poquito de leche sin lactosa, como medida de emergencia, aunque no es buena solución. La leche de vaca no es buena para los gatos. Por fin nos trajo a Triana. Teníamos ya el biberón preparado con leche de gatitos veterinaria. La pobrecilla engullía como loca. Le estimulamos para que hiciera pis y caquita y se durmió. Cumplia sólo 16 días y ya averiguó lo trágica que es la vida del gato callejero.

Hoy Triana está adoptada por personas con experiencia previa con gatos. Es la reina de su casa y absolutamente feliz

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