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¿Tengo que bañar a mi gato?

Esta es una de las dudas que asaltan frecuentemente a lxs primerizxs en el mundo gatuno. Por regla general no es necesario bañar a tu gato. Son animales extremadamente limpios. Un tercio de su vida lo pasan acicalándose. A diferencia del perro, su olor corporal es agradable. Esto sorprende a mucha gente que tiene gato por primera vez y ha escuchado eso del “olor a gato”. Son desagradables los marcajes con orina del celo de los machos, pero desaparecen con la castración. Si su arenero está cuidado tu casa no tendrá un olor especial porque se incorpore a tu familia un felino.

Existen ocasiones en que sí es conveniente bañarles.

  • Cuando son muy ancianos o tienen algún problema de salud que impida que ellos mismos lo hagan.
  • Si se han manchado con algo que requiere evitar que se laman, por ejemplo aceite, miel, harina, etc.
  • Cuando son muy cachorrines, y todavía no se saben acicalar adecuadamente. Mamá gata les asearía con su lengua. La de los gatos es rugosa, perfecta para arrastrar los pelos muertos como el mejor de los cepillos. Si por desgracia no tienen a su progenitora cerca, el humano suple esta función.

 

 

¿Cómo hacerlo? Por regla general una toalla humedecida puede valernos para un aseo normal. Si vemos necesario el baño vamos a necesitar tiempo y paciencia. El agua puede asustarles, deja correr un poco el grifo para que se acostumbren al sonido. Llénale de caricias y palabras que le tranquilicen durante todo el proceso. Utiliza una palangana o barreño y pon una toalla de base. Es importante que el gato aferre sus patas para sentir seguridad. Las bañeras son muy resbaladizas. El agua ha de estar tibia a una temperatura agradable, no debe cubrir al gato más que un par de dedos y has de usar un champú específico. Los nuestros tienen un PH que puede irritar su piel. Prueba ir mojando poquito a poco el lomo con la ducha mientras le sujetas firmemente sin hacerle daño. Vigila cómo se va sintiendo. Es importante que no sea algo demasiado estresante. Y finalmente debemos secar muy bien con una toalla para evitar resfriados innecesarios. Si tienes un gato valiente y el secador no le da miedo, prueba a la mínima potencia y procurando que no queme.

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